Un ictus, una embolia o un infarto cerebral se produce por la interrupción repentina del flujo sanguíneo en una parte del cerebro (isquemia) o por la rotura de una arteria (hemorragia). En consecuencia, no llegará suficiente sangre al cerebro para oxigenar a las neuronas, y algunas áreas de éstas dejarán de funcionar. Las secuelas dependerán de la gravedad neurológica, y podrán afectar a la movilidad, habla, cognición, capacidades sensoriales y conducta del paciente.

En la rehabilitación logopédica, la mejoría más rápida ocurre durante los cuatro primeros meses después del daño cerebral adquirido (DCA), pero hasta los tres primeros años la evolución del paciente puede ser positiva. Sin duda, la colaboración de la familia del paciente es clave en el proceso de la recuperación comunicativa. Hay estudios científicos que así lo demuestran: aquellos pacientes que han sufrido DCA y cuentan con un adecuado apoyo familiar, se recuperan mucho mejor que los que no disponen de esta ayuda.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que cuando un ser querido padece DCA y tiene secuelas con daños importantes, tanto el paciente como la familia se sienten muy angustiados por la nueva situación y por la incertidumbre de qué pasará en sus vidas.  

Uno de los primeros obstáculos que causa mayor ansiedad familiar en estas situaciones es la comunicación: el paciente se suele sentir frustrado porque no puede o tiene graves problemas para hablar o hacerse entender, y la familia se siente desorientada, agobiada o fracasada por no poder entenderle.

Por ello, el Servicio Re-habilitador de Logopedia en CIPSA ofrece un apoyo “Logo-educativo” personalizado y adaptado a cada paciente/familia en consulta, así como pautas de asesoramiento logopédico para casa: las barreras de comunicación se superan mejor desde el conocimiento y el afecto.


María Jesús Franco Domínguez

Logopeda experta en daño neurológico, 
20 años de experiencia profesional logopédica sanitaria

Imágenes: Created by Pexels ~  Pexels

 

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